“aibroapiz, aibroapiz, aibroapiz…” Inicio en la vida; las primeras palabras a modo roratus eclectus. Bienvenidos.  No saber hacer la o con un canuto de caña. Me costó horrores coger el concepto. Fui torpe en los ejercicios de caligrafía en redondilla y, tuve por ello, que insistir en un sinfín de cuadernos pautados, resiguiendo las os, insinuándose en retahíla circular e impresas con puntos muy leves. Al fin conseguí la o digna y decente; además de una letra que, se decía entonces de médico.

Recordando un tiempo de pluma, tintero y papel he decidido adoptar esta marca: O[d]CAÑAMe gustan las formas redondas, son más rotundas: sol, luna (cuando aparece oronda, quizá “empreñada”), anillo, naranja, la posición de los labios, predispuestos al beso, los ojos en las gafas de John Lennon. Despreciar el rosco y guardar el agujero en el bolsillo del pantalón con el forro agujereado. Despensa infiel contra la gusa.

Mi padre participó de aquella “legión” de maestros rurales sin titulación, que “combatieron” por erradicar el analfabetismo (auspiciados por la campaña del régimen para sustituir la rúbrica dactilar y convertir “hombres de provecho”), en aquella paupérrima y esquilmada España de mitad de siglo XX. Impartiendo conceptos pedagógicos básicos de urgencia: las 4 reglas, la raíz cuadrada, urbanidad y religión. Pero con insistencia y ritual, ejercicios de caligrafía. Pues tener entonces buena letra, era garantía de obtener una buena “colocación”. Recuerdo vagamente, aquella  frase suya con los dejes o giros del lugar: “a ver si somos capaces, de hacer hoy, la o sin que medie un canuto”. Tuve (y aún la guardo) mi “Tablet”, pero la llamábamos pizarra. Atado de un cordel, pendía el pizarrín. Sin él difícilmente salían las cuentas. Rompo una lanza a favor de aquell@s maestr@s que dieron, lo poco o mucho que sabían en terribles circunstancias; en todos los sentidos y perspectivas.

Ayer, cuando el olvido de remontar la cuerda al reloj era bajarse del mundo; ausencia involuntaria. Quiere esta bitácora ofrecer una atmósfera para el recogimiento y la reflexión, como solo he percibido en monasterios, bibliotecas y museos. No todos: el silencio está muy caro. Aquí hallarán propuestas y expresiones de incumbencia literaria y artística. Además, de algún que otro quehacer puntual, que nos propone la vida con sus dinámicas. Quizá, alguna incursión en las ciencias naturales, tal si fuéramos el grumete del Beagle; sin que ello, nos despiste o, aparte de la esencia por la que ha sido diseñada esta ventana a la geografía humana. Quedan advertidos: Literatura y arte.

Hoy que la memoria amaga con hacer traspié, vuelvo a obligarme al ejercicio de remontar la cuerda al reloj. Es una manera (como tantas otras), de agarrarnos al ritmo frenético de la era digital “clonificada”. A modo de presentación, eso era todo… y el deseo limpio, de servir (al pueblo) de provecho.  Gracias, por estar ahí.

SPM_2017

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